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domingo, 30 de diciembre de 2012

Electric Ladyland (1968) - THE JIMI HENDRIX EXPERIENCE








Hay cosas que no llego a entender por mucho que me las plantee, y son algunas que cito a continuación: “no sé porqué cambiaron la portada para la reedición en cedé de Electric Ladyland, cuando la portada de las chicas enseñando sus lindos atributos era mucho mejor”, “no entiendo cómo pudo salir un disco tan diferente a todos los demás de la misma época en tan poco tiempo”, “no entiendo cómo no salgo levitando por la ventana cada vez que me pongo este disco”.

Originalmente en vinilo, el tercer disco de Hendrix, era en formato doble por su larga duración, más de 75 minutos para ser exactos. 16 temas, algunos de ellos larguísimos delirios psicodélicos. Casi en su totalidad Electric Ladyland está ideado por la fuerte personalidad de Jimi Hendrix, una mente adelantada para su época, y un talento propio de otro mundo, pero eran los sesenta, un ambiente de drogas, excesos, e ideas que salían de todos los sitios a borbotones.

Como muchos álbumes de la época, véase “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” de Beatles, “Their Satanic Majesties Request” de Rolling Stones, “The Piper At The Gates Of Dawn” de Pink Floyd, “Volume One & Two” de Soft Machine, son álbumes conceptuales con un tema a su alrededor y con una coherencia, una temática con misticismo a su alrededor. Todos con diseños de portadas pictóricas, y un proyecto de principio a fin, como si de una obra renacentista se tratara. “Electric Ladyland” es un proyecto basado en una mitología eléctrica, redescubierta por Jimi Hendrix y adoptada a su modo de ver la música. Ese motivo no es otro que el de abrir la mente.

Jimi Hendrix era muy dado a jugar con pedales y efectos de estudio, muchas veces con la falta de medios, tenían que ingeniárselas para hacerlo de forma artesanal. El primer tema “And The Gods Made Love”, es una secuencia de sonidos que se asemejan a una corriente de electricidad, con el que los dioses anuncian su llegada.

El segundo tema es el que da título al disco “Have You Ever Been (To Electric Ladyland); es un tema lleno de soul con unos coros en falsete, y con unas paradas de batería bastante extrañas. La guitarra de Hendrix va creando formas en el aire y da paso al siguiente tema, que se puede decir que es el single, por lo corto y marchoso que es; casi todo el mundo conoce “Crosstown Traffic”, todo un clásico del sonido Hendrix. Hay algo en este tema que me recuerda al funky que estaba por venir e incluso reminiscencias en los fraseos de rap, suena una batería potente, unas guitarras hiperdistorsionadas aporreando las cuerdas, y un piano aplastado por el tráfico que vemos por nuestro alrededor; la sensación de que estamos en una gran ciudad como Nueva York es patente.

Cuarto tema, y uno de mis favoritos. Es un blues intenso con varias partes diferenciadas. Comienza con un fraseo: “I’m a voodoo chile, lord, I’m a voodoo chile”. Aquí tenemos un blues mágico, nacido del vudú de los esclavos. Primero canta: la noche en que nací, la luna era roja… Y así como un dios eléctrico viene de un rayo, cae en tierra, se relaciona con la naturaleza y se aparea con una humana, y aquí tenemos el hijo vudú. Steve Winwood (Traffic) tocaba el órgano y Jack Casady (Jefferson Airplane) el bajo. La electricidad sigue subiendo de intensidad, el órgano, la guitarra, la batería se arremolinan en una tormenta perfecta que va por etapas. Hendrix hace el primer solo en el que parece que llegamos al mismísimo Júpiter y su ojo. La canción transcurre en un ambiente de fiesta, se escuchan gritos de éxtasis de los miembros del grupo y dicen que de algún expectador que pasaba por el estudio; según comentan periodistas y grupies, las grabaciones de Jimi Hendrix, eran conocidas por ser una fiesta con muchos excesos, pero en esto se exagera bastante. La canción para de repente y comenzamos con otra estrofa que habla sobre las minas humeantes de sulfuro en Júpiter, es aquí donde viene una de mis partes favoritas en las que Hendrix empieza a construir un solo inolvidable que acaba con un vibrato, y todo acaba en una jam en la que la canción oscila entre la parada y el éxtasis del final. Obra maestra. Si hay un blues que venga del universo, éste es un buen ejemplo.

“Little Miss Strange”, es el uno de los pocos temas que Noel Redding ha compuesto en la historia de la Jimi Hendrix Experience. La voz de Noel Redding parece quebradiza, y tiene un ambiente hippie que se acentúa con unas guitarras acústicas, y unos arreglos de percusión, además de unos solos a dos guitarras de Hendrix inolvidables. Una pequeña joya.

“Long Hot Summer Night” siempre me pareció una canción muy sucia; la guitarra suena como si tuviera un muelle y suenan como un chicle las cuerdas. Es uno de esos temas anacrónicos en la carrera de Hendrix, sonando a veces un poco garaje. Siempre he tenido la sensación de calor cuando escucho esta canción.

“Come On (Let The Good Times Roll)” está compuesto por Earl King. La versión original no la he escuchado, pero sí que la conocía por oírla en festivales de blues. Aquí Hendrix reinventa el blues, y hace un blues rotundo, al más puro estilo Hendrix, con unos punteos que levantan la tapa de los sesos.

“Gypsy Eyes” comienza con un sonido dual de batería, y dos guitarras fraseando la letra de Hendrix. La canción es bastante pegadiza, y tiene unos arreglos muy conseguidos; “Gypsy Eyes” tiene varias dimensiones sonoras si lo escuchas en tu estéreo.

Siempre he tenido la sensación de mirar el techo de mi habitación e imaginarme que las paredes se derretían y toda la habitación ardía en combustión espontánea. Esto es precisamente lo que consigue “Burning On The Midnight Lamp”. Los cuadros cobran vida, el suelo se mueve, y ese punteo con gua-gua-Hendrix parece de plastilina derretida.

Cuando trabajaba de noche, era invierno, llovía, se oía llover por fuera, tenía una sensación extraña, como si no pudiera moverme de la cama por el sueño que me entraba, y había que hacer verdaderos esfuerzos por levantarse cuando apretaba el hambre y había que afrontar una nueva noche de trabajo. “Rainy Day, Dream Away” es de lo que habla. Es una canción que siempre me la he tomado con mucha guasa; en este tema ya colabora entre otros Buddy Miles, el que sería baterista de la nueva Band Of Gypsies a partir de 1969.

Corría el año 1968, y siempre hay un día del juicio final. Los ochenta eran la próxima barrera para que uno de los fines del mundo pudiera ser posible. Pero en realidad todas las décadas hasta el momento han tenido una personalidad definida en lo musical. 1983… (A Merman I Should Turn To Be) o más conocida como la canción del Tritón, un tema mesiánico con unos arreglos que me recuerdan mucho a otro tío de Indianapolis. Grandilocuencia es la palabra en un tema excesivamente largo, no es prescindible, pero creo que le sobra algún que otro pasaje de mareas eléctricas con las se une al tema doce “Moon Turn The Tides… gently, gently away”, que representa las olas de un mar interestelar.

En “Electric Ladyland” hay dos secuelas de la misma canción, una es Voodoo Child (Slight Return) y otra es “Still Raining, Still Dreaming”, o lo que es lo mismo, seguir en bucle, dormitar eternamente controlando nuestros impulsos con la mente, aprendiendo a volar sin motor. Este tema es bastante machacón.

Pero para machacón el tema número 14. El fuego es uno de los temas favoritos en las canciones de Hendrix. “House Burning Down”, ambienta muy bien cualquier disturbio y sus consecuencias en la psique humana, más aún en una psique lisérgica. El ritmo es de tango en ocasiones, y los solos de guitarra son llamaradas de napalm. Acaba con un gran efecto, que emula un helicóptero. Un gran tema.

Si hay un tema que califique a Hendrix como un genio, puede ser la versión de un tema de Bob Dylan que en su día sólo fue otro de esos temas con acústica y la voz quejumbrosa de Dylan. Está claro que Dylan compuso la canción, pero Hendrix le puso los cimientos. Es “All Along The Watchtower”, y comienza con un apoteósico sonido de guitarras acústicas y eléctricas, unas baterías perdidas, y unas percusiones muy raras. Todavía no me explico cómo pudieron grabar esto, pero puedo decir sin pelos en la lengua que es una obra maestra y es la mejor versión de Dylan que he escuchado nunca.

Todo disco tiene su final, toda secuencia de fuegos artificiales tiene su traca, toda película tiene su trama y su final. Y el disco “Electric Ladyland” contiene electricidad a raudales y se guarda para el final la mejor pólvora. “Voodoo Child (Slight Return), es la canción más salvaje del repertorio de Hendrix en directo, pero en estudio se sale de la norma, no hay reglas, las guitarras gimen, consiguen llevarte a un estado alterado de la mente con unos sonidos imposibles. Hay dos versiones que son las mejores a mi entender de “Voodoo Child”, una es Woodstock, y otra es la original, en la que el sonido baja, vuelve a subir, es puro tripi. Brutal.

Es día 30 de diciembre de 2012, y como si fuera un rayo cósmico, me gustaría que me tocara la mano eléctrica de Hendrix, y espero haber conseguido que alguien que no conozca este discazo, se ponga inmediatamente manos a la obra, y lo escuche con atención.

martes, 12 de junio de 2012

KEVIN AYERS - Joy Of A Toy (1969)


KEVIN AYERS - Joy Of A Toy (1969)


Un loco perdido anda suelto, los locos andan perdidos por las inmediaciones de la casa de Syd Barrett y creen en lo que hacen y en sí mismos, porque saben reunir a todos los lunáticos de la tierra juntos. El caso de Kevin Ayers es otro de esos casos únicos e imposibles, pertenece a ese club selecto de los imposibles.

Adentrarse en el mundo de Kevin Ayers no es peligroso, sino que definitivamente es tóxico y peligroso. Miembro fundador de Soft Machine, ha tenido una gran influencia en el rock progresivo, y ha tenido un montón de colaboraciones, con músicos igualmente influyentes como Syd Barrett, Brian Eno, Mike Oldfield o John Cale.

Hace nada he visto que los de la Harvest, sello perteneciente al grupo EMI, ha editado su discografía perteneciente al período que comprenden los años 1969 hasta el año 1974 en una colección de 5 discos. Y voy a comentaros el disco que hasta ahora más me ha impactado, que no podría ser otro que el primero “Joy Of A Toy” de 1969.

La primera sensación que me viene a la cabeza cuando empiezo a escuchar el disco, y comienza a sonar algo así como un silbato de perro, pero bien fuerte, tanto que no parece un silbato de perro, sino un sintetizador tan sintético que no parece ni un sintetizador ni un silbato de perro. Dicho todo esto, la canción que da inicio al disco, es una canción festiva, psicodélica, con movimiento y muy absurda, una amalgama de fanfarrias se alían para colgarnos por las pelotas y cantar esa canción absolutamente absurda y genial a la vez. Me podría tirar un día entero tarareándola. “Joy Of A Toy”, es la mejor diversión que podría tener un niño en el año 1969.

Segunda canción, una canción triste en apariencia, pero la verdad es que nos aporta una sensación más bien apática sobre las vivencias de una ciudad, sus habitantes, sus conversaciones cotidianas; hay que hacer hincapié en un par de maravillas de esta canción, que es el doble punteo de guitarra con un fagot, si no me equivoco. “Town Feeling” es el hastío de la primavera y el otoño juntos, un verano calenturiento y un invierno que disfrutar. Congelemos nuestras ideas.

Tercera canción, una de los temas moviditos y con guiños a la incipiente cultura mod. Sin dejar de lado los arreglos orquestales, el melotrón, las guitarras con pedales fuzz, y esa voz burlona de Kevin Ayers, nos hablan de una chica que monta en una Lambretta. Es divertida, es burlona, es la reina del escapismo y si quieres estar con ella, tienes que ser decidido y perseguirla a su montaña secreta. Ella es Clarietta, y monta en una Lambretta.

Cuarta canción… Ummmm, es de estas canciones en las que antes de darle al play, das un suspiro y piensas en que lo que viene es de esas canciones-joya. Es una canción tan perfecta que hace llorar, muestra la belleza de un momento de una forma sencillamente genial. Es extraña, la mente se retuerce pensando en algo que no logras comprender con la mente racional, pero se traslada a un estado de éxtasis interno. “Girl On A Swing”, o la chica del columpio que no para de divertirse en su columpio, el columpio no para de moverse, incluso sin la chica, las nubes negras y grises bailan entre sí, la chica siente la necesidad de comunicarse con el viento, y es así como la canción cobra vida a través de la voz de Kevin Ayers, el piano es clásico, un melotrón es más que un instrumento, es un animal, y una guitarra sucia se introduce en la mente del que la escucha. Y sólo es una chica que se columpia sola…


El quinto tema me recuerda bastante a los ambientes de Zappa, las blancas y negras crean unos entramados musicales complicados y bellos a la vez. Es posible que el ácido actúe en todas las canciones de Ayers, pero hay una claridad patente de fondo sobre las cosas de las que habla, una realidad desordenada pero con un cierto sentido, algo así como el jazz sinfónico de los Soft Machine que colaboran en este primer disco con Kevin Ayers. En este tema es muy evidente la colaboración de sus compañeros Mike Ratledge y Robert Wyatt. El título lo dice todo: canción para tiempos locos…

Cambiamos de cara y comenzamos a girar el vinilo, en este caso cedé, pero los créditos me indican que hay cara b. Salimos de nuestra casa en las afueras y decidimos hacer un viaje en el que no tenemos ni idea de lo que va a pasar, y qué mejor viaje que uno en tren, donde hay gente que no sabe dónde va, pero tú quieres saber adónde va y te haces preguntas. Te haces preguntas como: ¿Son los demás los que están muy jodidos? ¿Soy yo el jodido? ¿Estoy rodeado de jodidos locos? ¿O soy yo el jodido loco? ¿Estamos gobernados por jodidos locos? ¿O somos nosotros los locos jodidos? Según cómo te hagas las preguntas, el tren parará o seguirá rodando hasta estrellarse. La canción refleja muy bien ese estado de ansiedad de la gente; hay gente que se lo pregunta, pero la mayoría se dedica a dejarse contemplar por las vacas desde fuera del tren. ¡Para el puto tren joder, que quiero bajarme y potar en las vías!

De nuevo damos una vuelta de tuerca, y topamos con el Kevin Ayers más romántico. “Eleanor’s Cake (Which Are Her)”; el séptimo tema del disco es típicamente folk inglés, con esa voz quejumbrosa e inglesa a partes iguales. Los instrumentos de cuerda predominan, y una flauta travesera adorna la canción con unas notas suaves.

“The Lady Rachel”, es el octavo tema, y es un tema bastante complicado, no es precisamente melódico, y se deja entrever una profunda sensación de amargura. En esta época la gente estaba muy interesada por el tema de los espíritus y el espiritismo, y esto se nota (véase “La Estación de la Bruja” de George A. Romero), que es todo una lección de brujería de los años 60, la canción que da título a la película es de Donovan. En esta canción se habla del mundo de los sueños y el modo de interpretarlos, y también de la manera de ponernos en contacto con esas cosas que oficialmente no existen, convertir el subconsciente en consciencia puede ser peligroso, y jugar con el fuego también.

La novena canción es otra de esas tonadas bastante disonantes, basada en una canción tradicional de Malasia. Es repetitiva y paranoica a partes iguales, donde hay unas voces de mujeres un poquito inquietantes, que cantan el título de la canción “Oleh Oleh Bandu Bandong”; el tema es una sucesión de improvisaciones aparentemente caóticas, pero que tienen una dirección, y ésa es captar la atención del escuchante.

“All This Crazy Gift Of Time”, es la última canción del disco, aunque en la versión de 2012 hay 5 extras; este tema tiene el extraño efecto de parecer una canción de Bob Dylan versioneada por Kevin Ayers, guitarra acústica y una harmónica disonante, nos llevan a las llanuras de Estados Unidos a un viaje a través de un cielo estrellado. Para acabar un largo día de vivencias está bien. La religión del absurdo también tiene sus adeptos. Es el tiempo que pasamos contemplando las cosas, lo que nos da sabiduría, intentar comprenderlas con la mentalidad occidental lo puede estropear. La música es universal, al igual que el universo, de donde procede la música, y también nosotros.

No sabía que Syd Barrett había colaborado con Kevin Ayers, pero en el fondo lo sabía, y el single que se editó al año siguiente de editarse “Joy Of A Toy” en 1970, cuando Syd Barrett comenzó su ascensión al cielo lisérgico para siempre. Cuando escuchas la voz de Barrett combinada con la de Ayers, sabes muy bien que lo que están cantando es infantil y psicodélico, y la infancia y la psicodelia a menudo van unidas. La letra reza: “cantar una canción en la mañana, seguir cantando por la noche, no sé lo que estoy cantando, pero me siento bien”, y eso es lo que cuenta en realidad, sentirse bien.

Los siguiente 4 temas, están grabados en la BBC en Top Gear Sessions y grabados el 10 de febrero de 1970, donde se puede escuchar algún tema del primer disco de Soft Machine. El repertorio es el siguiente: “Clarence In Wonderland”, “Stop This Train”, “Why Are We Sleeping”, “You Say You Like My Hat”.

Siempre los primeros discos en solitario, fueron los mejores, o al menos los más singulares, y “Joy Of A Toy” es una obra singular y especialmente para los coleccionistas, una pieza de caza de gran calidad; digamos que es imprescindible tenerla en tu colección privada.