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domingo, 29 de junio de 2008

DON SIMÓN Y GARRAFUNKEL - DE PELÍCULA DE TERROR ESPAÑOL




DON SIMÓN Y GARRAFUNKEL

Bien podría ser una película de Woody Allen, una película de Robert Altman, pero más divertida era la realidad que “El Juego de Hollywood”. Podría ser un cuadro de Goya mal colgado en una pared, o podría ser un reflejo en un espejo de un cuadro de Velázquez. Pero el caso es que me encontré al lado de una cocina comiendo una excelente ensalada con los espárragos más gordos que he visto nunca y un bacalao a la vizcaína excelente, preparado por un actor de la película “El Restaurante Alberdi”. Allí estaba plácidamente sentado mirando un mantel blanco y una pantalla con unas luces psicodélicas mientras sonaba “Gloria” con Jim Morrison aullando a los cuatro vientos las virtudes de una meretriz subiendo por unas escaleras, y deletreando su nombre. Sólo faltaba la luz de una vela, pero ya estaba Jim diciendo “come on baby light my fire…”

En esto que llega el momento del descanso en la película y las actrices secundarias llegan y se sientan en una mesa, después de haber estado visitando la ciudad y dar con la entrada del cine Alberdi. El galante camarero les pregunta qué va a ser: pues muy bien, tenemos la especialidad de la casa que es ¡bacalao, bacalao, bacalao! Y por favor pónganos una ensalada de esas que tienen tropezones abundantes de forma fálica. El camarero dice: quiere decir esos espárragos navarros… Sí, sí, esos espárragos enormes dicen las clientas.

El capítulo uno de interiores ha acabado y ahora queda por estudiar los exteriores y explorar las posibilidades que puede dar el escenario de cartón piedra, las luces de neón azules como si de dos columnas enormes se tratara, se erigían guardando la entrada de un local donde había infinidad de recovecos y un montón de puros “cohiba” expuestos tras la barra, esperando ser fumados por algún goloso cliente...

Una vez tiradas las credenciales al suelo y habiendo posado la cena, volvemos a la asombrosa realidad de actores de carne y hueso. Antes del duelo más atípico en 24 años, un Alemania-España conforma la final futbolística de la Eurocopa 2008, y todo el mundo por la calle pregunta por lo mismo: ¿dónde vas a ver el partido? Después de haber estado en esa antigua fábrica de puros, nos dirigimos al famoso templo del placer de beber en copa grande y elegante. Algunos se quedaban asombrados ante tanta grandeza; un tubo de ensayo se llenó de 2 litros de cerveza, y dos personajes en el bar competían por ver quién derramaba menos cerveza en su panza. Uno ganó una corbata húmeda, y otro ganó una trompeta de Jericó por lo bien que sopló… A continuación entraron en el juego los rockers y sus tupés apretados por tanta gomina. Nos contemplaba José Luis López Vázquez encima de una tetilla sonriendo de forma maligna e invitándonos a ir a Francia por las suecas. Otro personal del bar estuvo una noche entera cortando matojos para hacerse una ensalada de cogollos.

El protagonista de la película cogió sus credenciales del suelo y volvió a llevarlas a buen puerto, comenzando a cantar canciones absurdas de Siniestro sobre la revolución rusa y gobernantes pintorescos de la antigua Unión Soviética como Yuri Andropov, haciendo apología de la reconquista con “Ayatolah no me toques la pirola”; e incluso, llegó a entonar ¿qué harías tú en un ataque preventivo de U.R.S.S.? Pues yo lo tengo muy claro, ¡no sé!

Ya no se cenó más en la casa donde había todo tipo de artículos vintage, como un reloj que parecía antiguo que iba a pilas, un perro de peluche enmohecido en el suelo y unos cuantos vinilos mal colocados en un sofá, unos con el disco dentro y otros con el disco fuera, un sombrero estampado en fuego iluminaba la noche, en la cocina había una aceitera enorme, y en el centro del salón había un retrato que presidía toda la casa y que te perseguía con la mirada, era la madre de Igor el terrible. En el segundo acto de la película, comenzaron a entrar en acción los extras, alguno dejó de recolectar cogollos para poder respirar el aire, otro empezó a rockandrolear, el emperador de la casa cogió el piano y tocó hasta hartarse canciones de salón baratas, e imitar a Little Richard, Chuck Berry y Jerry Lee Lewis, hay un tío de gafas metálicas que detrás del sofá ve todo con una timidez típica del genio y otro rubio personaje que con ojos de Curt Cobain escruta melodías heavies en el entorno, un alto personaje se encorva para tocar una armónica de blues y tocar una excelente versión de Moon River. Las botellas de ginebra, vermú y ron, estaban peligrosamente junto a las botellas de mistol y fairy. Esto es lo que podría llamarse la casa del drácula yeyé. La guitarra Gretsch del padre Igor, se desafinaba sola y no había dios que afinase esa guitarra, al igual que la guitarra española que sonaba a mil demonios flamencos. Y al final, para que no se enfriase se tapó a la pobre con una manta hasta el día siguiente que tendría que trabajar en algún local de ensayo.

Lo único que quedó claro es que no es lo mismo Simón y Garfunkel que Don Simón y Garrafunkel, así como no es lo mismo un forro polar que un porro folar, y puede que tampoco sea lo mismo el onduline bajo teja que listerine bajo teja.

Lo único que quedó claro esa noche de yardas y millas en tubas de vídrio, era que había que comerse una hamburguesa vegetal con jamón y gambas crudas.

martes, 24 de junio de 2008

DAVID BOWIE - BE MY WIFE


DAVID BOWIE –LOW- TEMAZO: BE MY WIFE

Puede ser que el disco “Low” sea uno de los discos más duros de escuchar de David Bowie, aunque algunos opinan que toda la discografía, incluida la más comercial, es imposible de soportar por su densidad y aspereza. Bowie ha tenido varias etapas musicales, cada cual más dispar, cambiante, chocante y sorprendente. Cualquier adjetivo se queda corto para describir a este mago del pentagrama; viajando entre el clasicismo, el modernismo, los excesos, las colaboraciones musicales con otros músicos, la participación en producciones de discos como el caso de Iggy Pop, al que robó una canción –China Girl-, esto es discutible… Creo que Bowie la mejoró, son los arreglos los que cambian la canción… Todo tipo de apariciones en películas, la más conocida sin duda es “Dentro del Laberinto” con una jovencísima Jennifer Connely, un yogurcito para comérselo con azúcar, con sacarina, o con dulce de membrillo. Participación también reseñable en una película de Tony Scott, llamada “El Ansia”, una película insana con música de Bauhaus al principio, con un reparto de lujo: David Bowie, Catherine Deneuve y Susan Sarandon, que mantienen en la película una intensa relación lésbica, de las mejores que he visto en la historia del cine, donde se unen sexo y vampirismo.

LA CANCIÓN: BE MY WIFE

He hecho este inciso para adentrarnos en los más ocultos deseos cinematográficos y musicales de Bowie, y sus preferencias bastante raras, que a mi entender muy acertadas; siempre disfruto escuchando un disco de Bowie, sea de 1969, sea de 1973, sea de 1977, sea de 1980, o sea de la década de los 90. Siempre tiene ese sonido elegante, irreverente, y ese talante entre perdedor y ganador; precisamente la canción de la que voy a hablar es de una persona que se siente muy segura de sí misma, pero sin embargo no para de ir de un lado a otro, probando cosas en un país, cogiendo un vuelo, tomando un preparado y volviendo a coger un tren de ida pero no de vuelta, y nunca adaptarse al jet-lag, pero sin embargo es un hombre con valor que se hace apreciar ante otra persona como él, que le está esperando, a él, un apuesto caballero, vestido como un dandy, bebiendo en vaso fino, y fumando el mejor tabaco del mundo.

En cuanto al tema musical, es excesivo también; donde anda metiendo las falanges Brian Eno, es sinónimo de exclusividad y novedad. Aunque esté producido por Tony Visconti y David Bowie, la mano de Brian Eno, se nota en cualquier disco en el que interviene, lo produzca o no, su manera de tratar los sintetizadores, esa sensación de envolver toda la música con esa delicadeza bruta.

La canción “Be My Wife”, empieza con un piano de bar barato tocado con mucho ímpetu, y comienza a cantar estas estrofas llenas de significación poética a martillazos: Sometimes you get so lonely, sometimes you get nowhere, I’ve lived all over the World, I’ve left every place… Please be mine, share my life, stay with me, be my wife. Es toda una forma directa de pedir matrimonio, en el sentido más sarcástico, el sentido que le quiere dar, no es con la propia frase, es la entonación la que le da una connotación irreal y fría. El hombre de hoy día se parece a este ser que plantea en la canción Bowie. Toda esta breve parrafada, repetida dos veces está acompañada por una manta de guitarras, que unidas por una cuerda gorda, fabrican un túnel de sonido eléctrico muy divertido para el que esté acostumbrado al sonido denso y electrónico –no sólo es el amigo Bowie el que nos tortura de pensar qué nos está metiendo por los sesos, sino que tenemos otros dos guitarristas que son maestros de este nuevo sonido, saliendo del rock sinfónico o dinosáurico, nos encontramos en un cruce de caminos en el tiempo, es 1977, plena explosión punk, y músicos como éstos, con el propio Bowie al frente cambian la forma de ver la música electrónica aplicada al rock, la música punk aplicada a la música electrónica, o el rock sinfónico aplicado al rock y al punk. Carlos Alomar, Ricky Gardener a las guitarras, George Murray al bajo y Roy Young en el piano y farfisa, incluso está por ahí Iggy Pop haciendo coros, de ahí esa prestación de servicios mutua que comentaba al principio, es una simbiosis musical y David Bowie sabe aprovechar las virtudes de todo el que colabore con él-.

De todo esto, extraemos un análisis selecto del disco; tiene una parte más o menos comercial, y otra parte que no la puede aguantar el fan reciente de David Bowie, y si no es así, va a ser el típico megalómano musical que le encanta torturarse con sonidos asesinos.

Mis canciones favoritas en este disco, además de la citada, son “Speed Of Life”, un instrumental que da entrada al elepé, “Sound and Vision”, uno de los singles, la pesadilla sonora encarnada en “Always Crashing in the Same Car”, y el tema número 7 “A New Career In New Town”, que es una delicatessen. En fin, un disco accidentado y clásico, es odiado y querido a la vez por su choque de conceptos. Iniciando su andadura cambiante en estos convulsos años, relanzó su sonido a un aspecto más futurista, incluyendo su aspecto físico y forma de vestir con el larga duración “Station To Station”. Perfeccionando su visión futurista de la música, abriendo puertas de sonido, está el gran disco “Heroes”, que difícil también de oír, contiene una gran joya heroica que muchos conocen, incluidos desgraciadamente los fans de algún cantante de música para jovencitas actual, que dudo mucho sepan la verdadera connotación del tema. Culminando la aventura experimentadora, llegamos al disco “Lodger”, una joya de principio a fin, muy recomendable para descubridores de irrealidades y sonidos espaciosos. La carátula del disco puede ser premonitoria, porque sale Bowie estampado en una superficie transparente tras haber caído a plomo y caer en el más profundo foso en su vida y en su carrera musical.

David Bowie: cantante, músico y compositor, personaje de moda e innovación, descubridor y explotador de talentos y visionario como pocos.

viernes, 13 de junio de 2008

GACELA THOMPSON 13-6-2008 FUE EL DÍA "D" A LA HORA "H"


GACELA THOMPSON EN RESIDENCE 13-6-2008

No sé si muchas veces estar en silencio sirve para algo, pero los estallidos de mi consciencia siguen martilleando mi cabeza. El sonido gordo, sordo o sórdido, creo que me gusta pero no estoy tan seguro cuando escucho Chris Isaak, creo que el sufrimiento es lo que le llevaba a escribir canciones como Wiked Game. La vida es así de cabrona en muchos sentidos y muchas veces la cagamos sin darnos cuenta y la arrogancia nos asusta por su perseverancia a través de los días; pero es que más de una vez me he preguntado por qué voy a ver música en directo. Y hay veces que encuentro la respuesta. Pero llego a casa y me encuentro que lo que suena en mi magnetofón no es lo mismo que he escuchado en directo y viceversa.

Lo que he escuchado en el Residence ayer día 13 de junio de 2008, sublima la existencia de cualquier músico, sobre todo después de haber estado vagando desde las 7 de la tarde tomando cafés y tomando cervezas y fumando cigarros hasta las tantas. La camaradería existe, pero la sensación de soledad se apodera de mí a veces, y necesito escribir lo que siento en esos momentos, por muy ridículos que puedan parecer a los demás, pero Dios sabe que lo que hago, lo hago con la mejor intención del mundo, y si alguna vez he herido a alguien ha sido sin la intención de hacerlo.

Bueno, todo esto, creo que no viene a cuento, pero pensaba que podía servir para expresar todo el sentimiento de este grupazo que he visto en directo. Las guitarras, una de Carlos Beltrán, ésta rítmica, y Yavé, con el que pude hablar después del conciertazo que nos ofrecieron en ese templo del delirio musical y la expresión del sentimiento profundo que con esos guitarrazos al final de cada canción o al final de esa estrofa mágica, que magistralmente cantada por esa frágil voz que tanto transmite cuando todos estamos esperando a que algo nos despierte de nuestro letargo. Ese violín al principio haciendo una nota cortante abría las carnes y el corazón a más de uno, sonido más que suficiente como para que desde el principio el depredador no llegara a capturar a la Gacela Thompson…

Pero todo era en vano, porque esa sensación de desasosiego existencial y poesía se hace tan fuerte que no podemos ni emitir un sonido, ni tampoco dar una calada al cigarro, ni tampoco dar una bocanada de aire sin tener miedo a perder un detalle de todo lo que estamos oyendo, porque es tan bello que las mismas lágrimas nos impiden incluso respirar, cayéndonos en las aletas de la nariz. Si alguien nos pide fuego, durante unos segundos estamos pensando sobre lo que nos han preguntado, porque nos ha atrapado la Gacela Thompson con su trotar elegante, para huir de la gran industria discográfica. Ese gran monstruo que engulle todo sin preocuparse en lo que engulle. Pero este proyecto, desde 2000, cuando oía esos programas de radio locales, cuando sonaba ese nombre, de herbívoro veloz en las ondas y podías ir a verlos si te apetecía. Contradicciones de la vida, he tenido que coincidir en este humilde local bilbaino para descubrir a esta pequeña maravilla llamada Gacela Thompson, que gentilmente nos ha hecho sentir por algo más de una hora que la elegancia no está reñida con el murmullo eléctrico de todos los electrodomésticos y baterías de coche de la calle. Su propuesta es delicada y envolvente y por más que me instiguen a ver cualquier espectáculo barato promocionado por un medio masivo, me resisto y voy a ver a estos pequeños grupos que hacen que nuestra vida sea un poco más llevadera.

Viva la amistad, viva la música, viva el vino y las mujeres, viva la noche, viva el amor, vivan esos momentos con Nina Simone en un bar, vivan esos momentos malditos viendo una película de Terry Gilliam, y viva ese cigarro en la ventana expeliendo el último aliento de humo en mi ventana de color blanco. Justo todo esto, aunque pueda parecer contradictorio, es lo que representa la música de gente como ésta. No prentenden nada, simplemente hacer pasar un buen rato y hacer pasar las penurias de la clase predominante y la que se queja todos los días sin tener respuestas convincentes, que va a ver estos rapsodas del día a día. En una palabra: HUMANIDAD.

Al acabar este escrito he empezado a escuchar la penúltima canción de este disco de Chris Isaak – “Lie To Me”, que acompañado de una guitarra pesada, un saxofón melancólico, una batería pesada y un lamento musical que alcanza esa luz reflejada en ese cristal de mi ventana, que no es nada más que un flexo con una bombilla baja en watios, con ese tono melocotón, y vuelvo a desear que todo vuelva a ser igual, cuando ese momento mágico de un concierto de un grupo cualquiera, esperando gustar a un público cualquiera, pueda hacerme sentir esa sensación de cuando un minuto de felicidad, se multiplica por 69 en una hora.

martes, 3 de junio de 2008

BO DIDLEY HA MUERTO A LOS 79 AÑOS


BO DIDLEY: EL HOMBRE DE LAS GUITARRAS CUADRADAS HA MUERTO

Ayer escuché en Radio 3 que este hombre llamado Bo Didley, se fue para el otro mundo a los 79 años sufriendo un ataque al corazón, con la frustración de no haber sido nunca reconocido. La verdad es que razón no le faltaba; nombres como Little Richard, Chuck Berry, B.B.King, Jimi Hendrix, Eric Clapton y muchos más, han brillado por su glamour indiscutible. Pero aquí tenemos un ejemplo de que el sonido original de una guitarra, unos timbales potentes, unas congas y unas chicas diciéndole –Hey Bo Didley!, valen mucho más que cualquier producción millonaria de una multinacional fabrica-salchichas-longanizas-musicales-enlatadas-en-un-disco-redondo-y-no-te-salgas-de-las-11-canciones-de-dos-minutos-.

Canciones como “I’m A Man”, muy parecida a la famosa “Hoochie Coochie Man” o “Manish Boy”; hay una infinidad de versiones de este blues imperecedero… “I Can Tell”, que sospechosamente en la parte del bajo, se me parece a una canción de Them llamada “Little Girl”. Pero el blues son un par de cambios y un montón de sufrimientos, un montón de pañuelos de lágrimas y una superación espiritual ante la adversidad. Ahora mismo estoy escuchando “Who Do You Love”, que es una completa maravilla también. Otra versión famosa, es la que hicieron The Doors en su directo “Absolutely Live”, con una gran sección rítmica, y un halo de misterio superior a mi juicio a la original. Pero la original tiene ese algo inmediato y que acaba de salir de la calle hirviente.

¿Qué podríamos decir de The Rolling Stones y su primer disco sin su canción “Mona”, además de otros hitos del blues de otros autores? Me quedo con toda una colección de canciones pasando por “You Can’t Judge A Book By The Cover”, “Road Runner”, “Pretty Thing”…

Toda una lección de originalidad, saber sonar potente y caliente en una época en la que Elvis despuntaba, y dando pistas a las generaciones futuras sobre lo que hay que hacer para tocar buena música. Ese es Bo Didley, así que todos diremos a la vez cantando al aire: Hey Bo Didley!

domingo, 1 de junio de 2008

THE SONICS EN SANTANA 27


THE SONICS (31 DE MAYO DE 2008)

Era mi última noche de vacaciones ayer día 31 de mayo de 2008. Y llegué a casa tras litros y litros de agua cayendo sin parar en toda la noche. Tengo unos dolores de la humedad del ambiente, centrados en mis rodillas; esto va a ser la edad que me afecta ya y claro, los problemas de salud no son lo mismo a mis taitantos… Pero no queréis que os hable de mí. Lo que me lleva a escribir hoy, además de mis dedos doloridos y poco ágiles a estas alturas de la mañana y escuchando una canción de Curtis Mayfield denominada “Superfly”, es un grupito por el que pagué 28 € de entrada en un local que está en el quinto coño, donde si te pilla un chaparrón te vas a calar de verdad hasta llegar al Metro de Bolueta; el lugar en cuestión se llama “Sala Santana 27”, un antiguo local industrial, que a diferencia de la Sala El Mono, lo único que tiene de similar es que son locales industriales bastante apartados. Pero en la Sala Santana ocurre una cosa: las paredes no están impregnadas de ese ambiente sucio del rock and roll.

Ese grupo en cuestión que se llamaba The Sonics, tuvo varios momentos críticos en el estricto sentido de la palabra. Crítico porque es un grupo de los 60 tocando con sonido de ahora, sonorizados con los medios de hoy y ni siquiera se dignaron a sonar aproximadamente como ese sonido garagero que les hizo famosos en sus salvajes días. Unos cuantos pedos en la sonorización al principio, con bajadas y subidas de sonido. Reseñable también el modo en el que sonó la batería, que creo deberían haber puesto unos micros más ambientales para dar un sonido más rotundo a la batería. Podían haber llevado instrumentos y amplificadores de la época; habría sido importante contar con un Vox Continental... O si no, qué hostias, meter un destornillador por cada amplificador para romper el sonido y hacer la salvajada padre… En cuanto al repertorio conocido, no decepcionaron, tocaron “Witch”, “Boss Hoss”, “Have Love Will Travel”, “Psycho”, “Walking The Dog”, “Night Time Is The Right Time”, y también clásicos del rock and roll de Little Richard, como “Lucille”. En total 70 minutos de concierto… Los pobres están mayores… Pero si recordáis el concierto de Iggy Pop, pasó lo mismo con la duración, pero no en la diversión, ni en el sonido, ya que era un sonido contundente, aquel concierto de hace unos poquitos años en fiestas de Bilbao.

En cuanto a las consumiciones en el recinto de conciertos, qué me diríais si te cobran 4 € por un cervecita de barril, y menos mal que iba bien alimentado después de litros de sidra, chorizo, morcilla, tortilla de patatas, porque no quiero pensar lo que cobran por un bocadillo, y es que para garrafonazos ya tenemos cualquier fiesta de ciudad o un pueblo de mala muerte. Y es que el sitio en el que estuvimos, comimos muy bien, y a gusto del consumidor, nos pusimos como el tío Kiko o como la Moñoño, y es que la gente de la Sidrería de Santuchu, estaba hasta los “oo”de nosotros, después de haber tenido la delicadeza de estar desde las 3 de la tarde hasta las 6 pasadas, pedir dos rondas de cafés dobles, que es cuando cogimos el metro dirección plaza Nueva de nuevo, y recorrernos gentilmente todo bar abierto en Somera y alrededores. Hice un esfuerzo extra de beber aguas para rebajar, porque hasta la noche quedaba mucho camino que recorrer.

Y bien, acabado el concierto, y claro está, hay que tener un respeto a The Sonics, por ser los padres del garage, aunque estoy convencido que los hay renegados de las listas de éxitos que han inventado más generos hasta ahora desconocidos. Aquí delante y sonando tengo el gran disco “Here Are The Sonics”, con el crepitar incesante de la aguja del plato, eso sí, plasmado en los surcos microscópicos de un disco compacto.

Estoy de acuerdo en que el mejor momento es la noche, y más acompañado de buenos amigos, una buena copa, impregnado de humo, oliendo a sartén quemada y rememorando canciones de los ochenta tan sonrojantes como “Don’t Leave Me This Way” de The Communards, “Always On My Mind” de Pet Shop Boys, o la mismísima “Faith” de George Michael, aquella sintonía de Ramón Trecet en su programa nocturno de baloncesto… Bueno, volvimos a nuestras raíces, dos despistados de la vida, tras un rosario de ausencias en esa noche lluviosa sin parabrisas, y todos los locos que juntos fuimos a la sidrería, nos desperdigamos por toda la sala al principio, y cada uno llegó a su torturado destino como bien pudo y adivinó viendo rastros de nicotina y celulosa podrida. Volvimos a nuestro Residence querido para componer rapsodias con las palmas sobre una versión de “Hotel California” de Gypsy Kings, o ese último gran himno –Suspicious Mind-, para celebrar el cumpleaños de Manu con dedicación plena y a pleno pulmón.

Y bueno, como diría la canción de Los Ronaldos “Por Las Noches”. Nos damos un paseo, corremos por las calles, un poco de jaleo, ahora que no hay nadie, no quiero dormir, no quiero dormir, algunos no lo entienden y pegan a la gente, y por los tejados alguien ha saltado, ¡ya no dormirá más!, y por las noches haremos lo de siempre, porque nos gusta y porque nos divierte.

Básicamente se trataba de agotar las vacaciones de la manera más atroz y depravada posible y la lluvia lavó nuestros pecados y los encauzó allí donde decía Pablo Carbonell, después de 40 cervezas, y después de haber expulsado los pecados por el conducto uretral y conducirlos al retrete.