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jueves, 17 de marzo de 2011

THE DOORS (el disco)


Desde hace mucho tiempo me han intrigado los grupos con inquietudes en otras dimensiones que no fuera la música; es decir, utilizar la música como un medio para dominar a las masas, crear una puerta de unión entre un mundo y otro, comunicar un lenguaje evidente con otros lenguajes que no son evidentes. Es la magia de la música, y fue en los años 60 donde se dieron las condiciones en todo el mundo occidental y el occidentalizado, para que los antiguos ídolos romanos y griegos tomaran otra forma, en este caso de ídolos del rock.

Allá por el año 1988, mi hermano empezaba a comprar cintas de cassette de varios artistas, que entonces se vendían en oferta con un signo distintivo de admiración encima de la caja. Y empecé a escuchar unos discos muy raros, con unos tíos melenudos y muy raros también, que emergían de la oscuridad; cogí una de las cassettes y lo único que oía era el sonar de un bajo que inundaba todo el torrente de sonido, seguidamente un teclado chirriante que algunas veces se asemejaba a las melodías de Bach, una batería estilo jazz-bossa nova, pero tocando rock, y sobre todo la voz, una voz ruda y sexual: era Jim Morrison.

Durante 3 años estuve escuchando aquellas cintas intentando buscar alguna clave que me ayudase a entender esa música que todavía no podía estar a mi alcance intelectual. Y en 1991, Oliver Stone puso en las carteleras de cine la película “The Doors” protagonizada por Val Kilmer, que hizo un papel impresionante. Fue tal la impresión de haber visto aquella película que empecé a ver a Jim Morrison y The Doors como algo fuera de lo común. Recuerdo que fue en los cines Ideales y yo era el típico joven que se quería comer el mundo, parecerse a los cantantes que veía… Lo normal a los 16 años.

Es hoy día cuando me doy cuenta de la magnitud de un disco del que he querido hacer una crónica y que no veía el momento. El primer disco de The Doors es auténtico, como muchos otros primeros discos de la época: “The Soft Machine – Volumes One & Two”, “The Piper At The Gates Of Dawn” de Pink Floyd, el primer disco de Led Zeppelin, los inicios de Them…

Pero éste es un disco al que le tengo especial cariño, porque me ha acompañado en todas las épocas de mi vida, primavera, verano, otoño, invierno y los fines de año. Siempre lo tengo en cuenta.

El disco comienza con un gran clásico “Break On Through (To The Other Side)”, con el que todo el mundo ha empezado a escuchar a The Doors. Haciendo honor al nombre del grupo, esta canción es la prueba de que The Doors están en contacto con los viejos mitos, los poetas y los místicos. Es una invitación a ir más allá con todas las consecuencias; la libertad está ahí para cogerla.

“Soul Kitchen” es un tema que siempre me ha gustado por su vitalidad y a la vez ese halo de sucio truco de borracho en un bar, tocando blues por unas cervezas. Lo que más me gusta de esta canción es ese solo de guitarra que aprovecha muy bien los tiempos. La entrada de teclas siempre me recordó a “When The Music’s Over” de su segundo disco “Strange Days”, la moneda ha caído al suelo y alguien tiene que cogerla otra vez para escoger otro bar a donde ir a tomar la última cerveza.

El tercer tema “The Crystal Ship”, siempre ha sido uno de mis favoritos cuando quiero emocionarme de verdad; es una canción de amor sin artificios, la emoción se nota en cada impacto de una tecla y de una cuerda, hasta los golpes de batería se vuelven mágicos momentos en una noche al lado del mar. Las visiones de espectros, el olor del mar, notar la arena en los pies, se nota todo, y ese barco de cristal distante. Todo es hermoso en este tema. Adoro el solo de piano de Manzarek.

En “Twentieth Century Fox” se habla de la vanalidad femenina con respecto al mundo. Esa forma de preocuparse de su imagen y gustar a los hombres, y dar envidia al resto de las mujeres. Es una canción con una fuerza espectacular. Es muy patente la sección rítmica que marca todo el tema.

El quinto tema “Alabama Song(Whisky Bar)”, es una de las primeras versiones que hacen de The Doors en este primer disco, originalmente de Bertol Brecht y Kurt Weill. Tiene un sonido profundamente místico para la temática que tiene, que es una especie de teatrillo decadente, pero esa pianola que no deja de sonar es la que te atrapa. Posteriormente Bowie haría una versión de la misma, pero me quedo con ésta.

Ahora viene la máquina de ganar dinero de The Doors, una canción que versionearon Feliciano, Julie Driscol y tantos otros… Un gran tema. Es originalmente una canción del guitarrista Robbie Krieger, pero esa entrada de Manzarek, esa entrega en las vocales de Morrison, esa incansable forma de tocar de Densmore, y luego ese pasaje interior a través de nubes de plasma, de tubos en los que circula electricidad, es todo energía; llegamos a un momento en que la canción entra en ebullición y logramos encender la llama: C’mon baby light my fire. Vamos, enciende mi pasión.

El siguiente tema “Back Door Man”, es el que siempre me ponía los domingos a la mañana para ir pasando la resaca, me asomaba a la ventana, ponía esta canción a un gran volumen y luego me metía para dentro y empezaba a bailar al estilo Morrison; Back Door Man, es la segunda versión del disco y es un tema de Willie Dixon, en clave de blues, pero al estilo Doors.

El octavo tema “I Looked At You”, es una transición de lo anterior; un ejercicio de diversión que consiste en esas miradas de enamorados, tú me miraste yo te miré y ahí empezó todo. Y sumando todo ese ambiente que había en esta grabación, yo diría que es un tema más en una construcción de un disco irrepetible.

“End Of The Night”, es la típica canción que hay que ponerse obligatoriamente por la noche, es ese momento en el que ni tú mismo sabes dónde estás, si has llegado al momento del sueño, o estás demasiado despierto para estar durmiendo, por eso tienes que coger la autopista en el medio de la noche y volar…

Hay algunas canciones que no son filosofía de Universidad, sino que simplemente es un ejercicio de responsabilidad, cuando ves que hay cosas que no puedes cambiar, lo mejor es tomar las cosas como vienen; así es “Take It As It Comes”. Lo mejor: el solo de teclado y un cierto toque español que me gusta mucho.

Canción número 11, 11 minutos, y habla de una serpiente que mide 11 kilómetros. Un tema que según los autores se fue forjando tocando por diferentes garitos de Los Angeles y San Francisco, que en principio no pasaba de los 2 minutos, fue creciendo hasta hacerse un monstruo de energía. ¿Quién olvida aquella escena inicial y final de la película de Coppola “Apocalypse Now”? Los helicópteros remontando el vuelo poco a poco y animales siendo sacrificados por las tribus salvajes de Vietnam. Dicen algunos que “The End”, es una canción que habla del fin de los tiempos, y no es así; yo creo que Morrison te muestra sus mundos interiores, que son los mundos de la humanidad; hay varios caminos por recorrer y tú debes elegir el ideal para ti mismo, la libertad para elegir, la libertad para amar, la legitimidad de matar a tu pasado, romper con todo lo antiguo y ser el hombre nuevo.

Un disco que se grabó en seis días y al séptimo descansaron. Abrieron las puertas del conocimiento para muchos jóvenes, y todavía hoy hay que seguir recomendando este clásico de todos los tiempos. And… This is the end… Beautiful friend… My only friend… The End.

*Es recomendable tener la versión original y la remasterizada del disco que merece mucho la pena. Y si queréis compraros todos los elepés en vinilo, el obsequio es “The Doors” grabado en mono (ahí es nada). Siempre me he preguntado que si por lo que sea, se me jode un altavoz, me quedaría sin oír la batería y el bajo o la guitarra y las teclas… Qué catástrofe…


4 comentarios:

Benet García dijo...

Este disco es una JOYA en mayúsculas. Es uno de los mejores discos de la historia del Rock.
También le dediqué un post hace mucho tiempo.

Mayte dijo...

En la música, siempre que encuentro el componente sensual, que derrita no la piel o sume la excitación, sino los sentidos que son más profundos, me quedo fiel a las emciones producidas.

Jim Morrison es de los pocos que tienen esa magia, que saben transmitir a través de sus acordes terribles y maravillosos, la vida...en el amplio sentido que puedan expresar esas dos palabras.

Yo creci con una variedad tremenda musicalmente hablando, una familia grande con gustos de lo más eclécticos que me permitió disfrutar y abrirme a todo tipo de sonido.

Esta herencia, la de Morrison, obviamente se la debo a mi Hermano, que me arrullaba con ella, cuando lo dejaban de "nano" o la ponía mientras nos ayudaba con la tarea.

Besiño, Doc.

Panxo dijo...

los doors son muy geniales, aunque no se por cual inclinarme si este debut o el siguiente ambos dos en el pick de la psicodelia, solo una cosa, the doors casi nunca ocupaba bajo, esa labor la suplia manzanarek con sus artilugios varios, la letra de the crystal ship es bellisima..saludos..me gustaron los contenidos asi que te sigo...

PAZ

DIVISIÓN ROBER dijo...

Hola Panxo.

Muchas gracias por pasarte por este sitio. Lo del bajo de Manzarek, aunque no lo he mencionado, ya lo sé. Yo casi prefiero el bajo de las teclas, es el verdadero sonido Doors.

Yo no sé qué decirte, a la hora de decantarme por un disco u otro. Strange Days, es otro escalón en la música de The Doors, tiene unos temazos profundos, intimistas, apocalípticos, es más elaborado; pero la magia del primero es única.