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miércoles, 22 de junio de 2011

DIRE STRAITS - Love Over Gold (1982)


La primera vez que vi ese rayo pensé que la naturaleza es terrible, y también pensé que Mark Knopfler era algo fuera de lo común, y que ese rayo simbolizaba todo ese potencial de este disco con sus densos temas. Uno con casi 15 minutos, otro de casi 7, casi 6 minutos el tercero, 6 minutos también el cuarto y para acabar 8 minutos de diluvio eléctrico.

Para toda una generación de treintañeros y cuarentañeros, hablar de Mark Knopfler es hablar del buen hacer, de lo grande que es un guitarrista rodeado de grandes músicos que van más allá del simple músico de estudio, son músicos capaces de comunicar sentimientos, de crear historias y de perfeccionar atmósferas que todavía hoy tienen sentido.

Este disco para mí es una época en mi vida. Yo tenía 14 años cuando lo compré en un cassette Polygram original, con el logo de la discográfica grabado en su caja; mentí a mis padres para que me dieran dinero para un tema del instituto; me acuerdo perfectamente del momento en que fui a la tienda de Santuchu llamada STAR que como muchas otras hoy día han cerrado. Allí se vendían aparatos reproductores de todo tipo, incluidos walkmans, se vendían vinilos, cassettes y algunos discos compactos que empezaban por aquella época. Hoy día me parece una broma todo aquello. Recuerdo que era el azote de mi vecindad poniendo los acordes más famosos de los guitarristas más famosos del momento que sólo yo ponía en mi portal, Money For Nothing de Dire Straits, Layla de Eric Clapton, Voodoo Child de Jimi Hendrix, I’m Going Home de Ten Years After… Y un largo etcétera de música que iba descubriendo por la radio y por los amigos.

Pero el disco del que voy a hablaros hoy es más que un disco, es una sensación de estar escuchando uno de los mejores discos de los años ochenta, pero mirando también a las atmósferas más progresivas de la década anterior. Y no podría ser de otra forma que Mark Knopfler ampliara su banda con 4 miembros más, tras el intenso trabajo anterior –Making Movies- más orientado al rock and roll, en el que el hermano de Mark, David Knopfler, decidió dejar el grupo por la presión de las intensas giras. Por lo tanto la formación de este disco sería la siguiente:

Mark Knopfler: guitarra y voz

Alan Clark: teclados

John Illsley: bajo

Hal Lindes: guitarra rítmica

Pick Withers: batería

Michael Mainieri: marimba y vibráfono

Ed Walsch: sintetizador

La primera canción y para mí es la mejor de Dire Straits con diferencia es “Telegraph Road” –Camino Telegráfico-. En esta canción Mark Knopfler se luce como guitarrista y como letrista también, mostrando aspectos dylanianos en sus letras. Más de una vez Knopfler se ha mostrado admirador de gente como J.J.Cale, B.B.King y de Bob Dylan también, así que no es de extrañar que en esta letra sacara el tema obrero, o más bien una historia condensada de 15 minutos queriendo explicar la llegada de la industrialización a un sitio donde antes sólo había un solar. El tema empieza con una larga nota aguda de sintetizador para dar paso a un trueno y otra nota baja de sintetizador que como si fuera la obra de Strauss –Así hablaba Zarathustra- nos anuncia que una historia amarga y triste contada por un obrero con una guitarra encima, está a punto de suceder. Es cuando se da paso a un bajo, un piano, y una batería lenta y cansina y una guitarra solista que pone el vello de punta; la canción habla sobre un aventurero que un día llegó a un lugar donde construyó una tienda de campaña, luego llegaron las iglesias, los trenes, luego los abogados y las reglas, y todo eso vino con el camino telegráfico. Es entre estrofa y estrofa cuando Knopfler luce su maestría y emociona con cada nota, Alan Clark hace lo suyo con su solo de piano en medio de la canción, la batería y los demás instrumentos suenan como martillos gigantes creando una energía sinfónica difícil de repetir… Pero para mí sin duda hay un momento mágico que es antes del solo de teclado, donde hay unas palabras que son éstas:

Y mi radio dice que esta noche va a helar
la gente que conduce de vuelta a casa desde las fábricas
hay seis carriles de tráfico
tres carriles de movimiento lento. . .”

De repente se apodera en el escuchante una sensación de soledad y de frío, cuando Knopfler canta que quiere trabajo y no puede encontrarlo y también tiene que pagar deudas… Es cuando todos los elementos se ponen de acuerdo en converger a la vez y es cuando llega ese momento en el que todo aficionado de Dire Straits espera con el cuerpo en tensión esa explosión de instrumentos que a la par que música parece un trueno, ese mismo que parece que escuchas cuando ves la portada.

Llega otro de los temás míticos de la discografía de Dire Straits. Éste se llama “Private Investigations”; en este tema Mark Knopfler se viste de detective privado y con un cigarro, un traje oscuro y su oscuro pasado, lleva a cabo una investigación sórdida. La canción comienza con un teclado sordo para dar comienzo a uno de las composiciones del maestro Knopfler más inhabituales, ya que en ésta se pasa a la guitarra española y como si fuera un cuadro de Goya, interpreta la tragedia española. El más famoso de los pasajes de este tema, es cuando canta el título: … Private Investigations… Y da paso al bajo, que como un corazón latiendo tiene un sonido seco y pesado a la vez; se torna en silencio tenso y es cuando ese silencio da paso a los guitarrazos de Hal Lindes… Todo un espectáculo de pirotecnica en la interpretación en directo.

Siempre he pensado que “Industrial Desease” tenía algo, pero lo único que le veo es una producción muy buena, donde hay dos guitarras muy bien compenetradas, una batería excelente y ese incesante teclado que chirría en cada nota. Si no fuera por ese sonido arrollador, ese teclado podría ser perfectamente colocado en una composición de fanfarria y nadie se daría cuenta. Y aunque la canción tiene su carga política también en forma humorística, la verdad es ésa, que humor sí que tiene, y me recuerda mucho a la canción que más adelante se convertiría en una canción de verbenas; la canción es “Walk Of Life” de disco “Brothers In Arms”.

Con “Love Over Gold” llegamos a la canción que da título al disco y que sigue con el aspecto más intimista del inglés virtuoso. Otra vez toca su guitarra española, y muestra otra tragedia de la noche, una chica de gustos caros y que ofrece su amor a cualquier extraño. El tema es bastante clásico, dejando bastantes momentos en silencio, que son los más difíciles de tocar; verdaderamente conmovedora esta historia y sobre todo la instrumentación, exquisita es la palabra… Mi momento favorito del tema es ese vibráfono del final que juega con el tímpano y prueba tu agudeza auditiva. Una delicia más…

Siempre me ha sonado a música de teleserie el comienzo de este temazo último, con un teclado entre casual e ingenuo; pero nada tiene que ver con el principio con lo que vendrá después. Se va convirtiendo en un tema vigoroso, la batería se va adueñando del tiempo de la canción, y los demás instrumentos aciertan acompañando la voz quejumbrosa y ronca de Mark Knopfler… Para acabar con el solo de guitarra más tempestuoso que he oído, el vello se eriza, las neuronas se ponen a funcionar todas al unísono. Se podría decir que “It Never Rains” es una consecuencia del tema de Dylan “Like A Rolling Stone”.

Y es que si tienes la suerte de escuchar el disco en un sofá cómodo con unos buenos altavoces de maderas nobles y un equipo de alta fidelidad, una persiana abierta con una ventana de doble cristalera, y tienes la oportunidad de ver relámpagos con los que deleitarte y que encima diluvie ahí afuera… Es entonces cuando tienes la excusa perfecta para sentarte y escuchar otra vez este fantástico disco de 1982. Y si es la primera que escuchas esta obra maestra, pues adelante.

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