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miércoles, 14 de enero de 2015

LED ZEPPELIN (1969)


La historia de Led Zeppelin es errática, explosiva, al igual que una supernova necesita de expulsar toda su materia de una vez, el Zeppelin, que como el Hindenburg, explotó en pleno vuelo, la materia de los Zeppelin es helio caliente y un huracán de notas.

Su sonido va más allá del heavy, como lo conocemos habitualmente, es un rollo más bien progresivo. Las influencias de Led Zeppelin son algo más que ruido, fraseos de guitarra, torsos masculinos sudorosos, melenas rubias al viento, focos de color rojo y chicas alrededor de los músicos tocándoles el instrumento. No es una fiebre como los Beatles, es algo más racial europeo, una manera de expresar las raíces negras en el alma blanca. El blues, soul, el folk americano, no son suficientes para Jimmy Page y Robert Plant que son las almas del grupo.

Jimmy Page en los sesenta, era un reputado músico de estudio, tocaba con los Yardbirds, y le podemos encontrar en infinidad de grabaciones. Una de las más célebres colaboraciones es con el cantautor Donovan (véase Hurdy Gurdy Man –fabulosa-).

El disco que voy a comentar, está orientado claramente al blues, creando unas atmósferas psicodélicas que tan de moda estaban en la época. Pero al mismo tiempo, se veía que Led Zeppelin no eran un grupo normal, y además de virtuosismo tenían creatividad a borbotones.

El disco comienza con el tema que golpea nuestra parte más primitiva del cerebro, sonando la batería dinámica como un cuarteto compacto, y Jimmy Page dejando notas incisivas en su forma trompicada de tocar. Robert Plant calienta la voz en este “Good Times Bad Times”.

El segundo tema “Babe I’m Gonna Leave You”, es uno de mis favoritos. Jimmy Page ya demuestra su querencia por las cuerdas acústicas, y como un buen blues acústico mece nuestro sufrimiento con una arquitectura musical compleja interrumpida por momentos de estruendo y gritos posesos de Robert Plant. En alguna ocasión se oyen voces que han debido de quedar atrapadas de anteriores sesiones, y es curioso cómo se intercalan como si fueran psicofonías. Por lo demás John Paul Jones y John Bonham, haciendo su trabajo a la perfección.

Vamos con “You Shook Me”. Si hay una manera de hacer un blues de Willie Dixon, cambiada, sexy, lenta, y a la vez envolvente, en esto los Led Zeppelin se salen. El tema comienza con una guitarra saturada y con efecto eco y un acompañamiento repetitivo con la base rítmica, y Robert Plant haciendo el colgado como de costumbre. Pero lo más interesante de este corte son esos solos de guitarras y órgano que se encargaba de tocar el bajista John Paul Jones, si cierras los ojos ves un reverendo tocando las teclas; del segundo se encarga Robert Plant al tocar la armónica; más tarde Jimmy Page hace las delicias al tocar uno de esos solos que te ponen mirando para Cuenca. Después volvemos a la “normalidad”, y para acabar y enlazar con el siguiente, Robert Plant nos hace ver que la música y el psiquiátrico van cogidos de la mano.

“Dazed and Confused” siempre ha sido uno de esos temas primitivos en su estructura, pero para nada sencillo. Sin duda es mi tema favorito del disco, por esa carencia que inicia John Paul Jones al bajo, un Robert Plant pletórico, y es aquí donde sí que nos perdemos en las ondas musicales en el espacio, vemos el Zeppelin arder, el mago Page saludarnos con una extraña sonrisa. La melodía es envolvente, inquietante y mágica a la vez. Es una forma distinta de entender el rock, así en la música clásica siempre hay una explosión, en “Dazed and Confused” en un momento explota Jimmy Page en un solo de guitarra difícil de superar.

Si esto fuera música sacra me lo creería y el quinto tema “Your Time Is Gonna Come” lo parece, el que abre la cara B en las cassettes y vinilos, nos sorprende con un órgano de iglesia y la producción está bien lograda, con sus ecos, sus bajos y sus adornos. Bien podría ser un tema cantado por un coro de negros en una iglesia. Lo que más me gusta, más allá del insistente estribillo es una guitarra acústica que suena por encima con brillantez.

Y como todo no podía ser blues, en “Black Mountain Side”, los Zeppelin tocan las tablas indias. El tema es originalmente de Page, que ha cambiado de título varias veces o enlazado confusamente. Se llamaba “White Summer”, y ya lo tocaba con The Yardbirds.

Nos ponemos serios, y cuando todo se rompe a tu alrededor, también las comunicaciones se ven afectadas, la ruptura de comunicaciones ya está aquí; en España se editó un single con ese título traducido al español, que era “Ruptura De Comunicaciones”. Y es por “Communication Breakdown” por lo que a Led Zeppelin se le ha considerado un grupo heavy, y a mí la verdad me parece mucho más duro que cualquier mariconada heavy de los ochenta. Es todo perfectamente heavy, guitarras, voz, bajo y batería, con un puntillo soul en los fraseos, quejumbruso y sobre todo electrizante. Esta canción no falla en cualquier fiesta y si llevas zapatos recién arreglados, dalos por jodidos de nuevo, no pararás de bailar y taconear.

Y vamos con otro tema de Dixon. “I Can’t Quit You Baby”. Como siempre hacen una versión lenta, para lucirse Plant y Page. Pero los solos y fraseos son delicados y a la vez fuertes, una conjunción ideal en directo.


“How Many More Times” es un blues cósmico, como diría antes Janis Joplin con su “Kosmic Blues”, esta réplica zeppeliana de lo que debe de ser un blues, psicodelia y estructuras musicales complicadas. En este temazo, lo que más me gusta son esas paradas con gemidos, guitarras emergentes, bajos electrizantes y baterías que logran que el más frío británico se rinda a la nueva avalancha. Después de “Dazed And Confused”, mi segunda canción por orden de gusto, es ésta sin duda; hay una parada en el medio donde Robert Plant hace unos fraseos magníficos y seguidamente John Bonham toca un ritmo imposible de ignorar. Entonces damos paso a la explosión final con distorsiones, ritmo y rabia típicamente británica, dejamos al té a un lado y ponemos el amplificador a tope, y es cuando el rock llegó a parecerse a un orgasmo.

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